La memoria es una recreación necesaria del pasado. Y la imagen es (o puede servir como) anotación para el recuerdo. Pero el que crea la imagen no puede ser exhaustivo, no puede representarlo todo, ha de renunciar, ha de olvidar algunas cosas. De otra forma no queda margen para la interpretación: estaría todo dicho. Es bueno que la pintura no lo diga todo, que sugiera y deje vías para la interpretación, para que cada uno participe, que ofrezca caminos para imaginar. Hay que simplificar, vaciar el mundo del embrollo innecesario. Es bueno olvidar algunas cosas. Es preciso recordar lo que queremos, lo que necesitamos.